En abril de 1970, en plena carrera espacial, el mundo contenía la respiración. La misión Apollo 13 despegaba con un objetivo claro: llevar a tres astronautas a la superficie de la Luna. A bordo iban Jim Lovell, Jack Swigert y Fred Haise. Todo parecía seguir el guion… hasta que dejó de hacerlo.
A dos días del lanzamiento, una explosión sacudió la nave. Un tanque de oxígeno había fallado, comprometiendo gravemente los sistemas de soporte vital. Fue entonces cuando desde el espacio llegó una frase que pasaría a la historia: “Houston, tenemos un problema”.
La misión dejó de ser un alunizaje y se convirtió en una lucha por sobrevivir. Sin suficiente energía, agua ni oxígeno, los astronautas y el equipo en tierra de NASA tuvieron que improvisar soluciones nunca antes probadas.
En condiciones extremas, el módulo lunar —pensado para dos personas durante poco tiempo— se convirtió en refugio para tres hombres durante varios días. Cada decisión era crucial. Cada cálculo, vital.
En la Tierra, ingenieros y científicos trabajaban contrarreloj. Diseñaron procedimientos improvisados, incluso un sistema casero para filtrar dióxido de carbono usando materiales que había a bordo. Era una carrera contra el tiempo… y contra lo imposible.
En nuestros Enigmas express hablamos con Jose Hutter del Apolo 13.
